viernes, 1 de septiembre de 2017

La amenaza de lo implícito y la insuficiencia de las buenas formas

Esta entrada trata sobre un par de cuestiones entrelazadas que he podido ratificar en los últimos tiempos. La primera es la constatación de que con frecuencia personas que tienen asumido que no pueden dirigirse hacía los demás empleando "malas formas" (principalmente insultos) desarrollan una línea de pensamiento por la cual cualquier expresión oral que no contenga estas "malas formas" constituye una forma de expresarse adecuada. Lo curioso es que entonces se da el hecho de que comunican ideas bastante más ofensivas que si lo hiciesen con algún que otro taco intercalado y lo más curioso es que, en estos casos a los que me refiero, no hay una a verdadera intención de resultar hiriente o provocativo mediante subterfugios de la palabra, sino que se trata de una forma de expresarse un tanto infantil por parte de alguien que no ha interiorizado la dualidad fondo-forma de todo discurso.

La segunda cuestión es una consecuencia lógica de la primera o tal vez un antecedente, que se puede observar en muchas formas de expresión personal. Es fácil encontrar en la música canciones de gran éxito y difusión cuya única virtud se encuentra en un nivel aceptable en sus elementos formales, ya sea la en dicción del cantante o la ejecución de la música, siendo el conjunto una muestra galopante de falta de talento. Dando un salto a la política es también muy fácil encontrar discursos vacíos que defienden lo indefendible y que obtienen un aprobado simplemente por hacerlo desde una aparente tranquilidad adornada con algún giro lingüístico efectista. Por poner un último ejemplo, tampoco es menos corriente encontrar a falsos gurús de Internet que tienen un público para el que parece que unos recursos de oratoria mínimos son sinónimo inequívoco de calidad.

Estas dos cuestiones, que vienen a ser la misma, entroncan con la mencionada dualidad fondo-forma, y a mi parecer es imprescindible que ambas partes estén a un nivel similar en cualquier forma de expresión para que el producto resultante merezca ser tenido en cuenta.

No os paséis con la ley "dímelo en la calle" 
le dijo qué se yo a ciudadano quién, 
a falta de sustancia sobran detalles, 
de la estación de Francia ya sale el tren. 

-Fragmento de la letra de Vámanos pa'l sur de Joaquín Sabina.