miércoles, 29 de noviembre de 2017

En el término medio está la perdición

Quizás no haya expresión más clásica que "la virtud está en el término medio", expresión que nos legó Aristóteles. Filósofo al que tomaré de punto partida, pero en el que no quiero centrar mi crítica porque, a efectos de este artículo, no me interesa tanto la obra de Aristóteles como que se le pueda considerar la figura de referenciade una forma de valorar la personalidad que sigue vigente en la actualidad, y que por lo tanto no queda limitada a lo aportado por él.

Sirva este fragmento de la Ética Nicomáqueapara ilustrar el concepto de virtud en el término medio:

"En toda cosa continua y que puede dividirse, se puede tomar parte mayor y parte menor y parte igual, y esto, o en sí misma, o en respecto nuestro. Es igual lo que es medio entre el exceso y el defecto; llamo el medio de la cosa, el que igualmente dista de los dos extremos, el cual en todas las cosas es de una misma manera; pero el medio en respecto de nosotros es aquello que ni excede ni falta de lo que conviene, el cual ni es uno, ni el mismo en todas las cosas. Como agora si diez son muchos y dos pocos, en cuanto a la cosa será el medio seis, porque igualmente excede y es excedido, y éste, en la proporción aritmética, es el medio. Pero el medio en respecto nuestro no lo habemos de tomar desta manera, porque no porque sea mucho comerse cien ducados, y comerse veinte poco, por eso el que gobierna los cuerpos les dará a comer sesenta; porque por ventura esto es aún mucho o poco para el que lo ha de recibir. Porque para uno como Milón, poco sería, pero para el que comienza a ejercitarse, sería demasiado; y lo mismo es en los ejercicios de la corrida y de la lucha. Desta manera todo artífice huye del exceso y del defecto, y busca y escoge lo que consiste en medianía; digo el medio, no el de la cosa, sino lo que es medio en respecto nuestro." 

Es importante para no desvirtuar un posible análisis, no tomar el camino fácil e identificar término medio como media aritmética ni dejar que eso supere al concepto de término medio como término óptimoreferido a las personas. Al menos es algo que recalcan los defensores de esta teoría. Por mi parte, creo que es posible señalar que este tipo de predicados tienen la particularidad de ser fácilmente entendidos por una audiencia receptiva, pero que requieren de  cierta voluntad por parte del oyente. Porque de alguna manera al operar con ciertos elementos sujetos a criterios personalísimos se incurre en una suerte de "matemáticas de lo indefinido" en la que se dan demasiadas cosas por sentado.

Es habitual que cuando se habla de la virtud en Aristóteles hacerlo de la templanza, la valentía y la justicia. Sin embargo, para los griegos una de las virtudes capitales era la Sofrosine (moderación o autocontrol), que se manifestaba en aspectos tan mundanos de su sociedad como la gastronomía y que podía resumirme con el término frugal.

De esta manera, el anterior ejemplo sobre la alimentación del fragmento de la Ética queda perfectamente enmarcado en un contexto en el que los excesos alimentarios eran vistos de una manera mucho menos favorable que la actualidad. Tanto que la figura de Heracles en la comedia mostraba atributos como los siguientes:

"El personaje de Heracles adquiere en la comedia y el drama satírico una serie de rasgos burlescos que lo alejan de la imagen de gran héroe que muestra la mitología. Desde Epicarmo de Siracusa, que ofrece los primeros testimonios, se caracteriza como un individuo no excesivamente despierto y atento sobre todo a satisfacer las exigencias de su vientre. Esta voracidad, que en origen tiene un carácter simbólico asociado a su condición de héroe, se convierte en un lugar común tradicional para la risa, usado regularmente en la escena cómica."

Estas características de la cultura griega harían que una personalidad histórica de tanto relumbrón como Alejandro Magno opinara así del comedor del palacio real persa según las Estratagemas de Polieno:

"De ningún modo conviene que los reyes aprendan a cenar con tanto dispendio, pues es forzoso que a tamaños dispendio y molicie acompañe tamaña cobardía. Y veis también rápidamente derrotados en las batallas a quienes se han hartado de tales cenas."

Y así, sin entrar en conceptos elevados hemos visto que entre la multitud de asuntos impregnados por la virtud, es posible llegar a ella a través del estómago. Pero esto queda tan solo como una anécdota en el inmenso tapiz de de la filosofía moral, sobre el que han transitado muchos siglos hasta la llegar a la actualidad y que ha resistido el devenir de la historia, incluidos los martillazos de Nietzsche. No me atrevería ahora a afirmar si la virtud aristotélica ha sobrevivido hasta nuestros días ininterrumpidamente o tal vez haya sido como el mito del cauce del Guadiana, que aparece y desaparece a lo largo de su recorrido. Lo que sí me atrevo a afirmar es que el ideal de la persona virtuosa como equilibrada, y por extensión, el del líder virtuoso y el del héroe como sujetos equilibrados pervive en nuestros días, incluso de una manera un tanto contraria a la realidad.

Porque de esta manera, el líder al que nos acostumbra la ficción y la teoría ha de ser una persona comedida. Y así en un pequeño grupo de personas en una situación de crisis, este líder, será un líder en el término medio, preocupado por todos los miembros del grupo, valiente pero no temerario y eficiente en las órdenes. Cuando en la realidad, es más probable que el grupo siguiese a una persona no especialmente brillante en sus cualidades empáticas, pero que contase con alguna capacidad notoria para el tipo de crisis que afronta.

Así el líder aristotélico, o incluso el líder heroico si se presenta la ocasión, no comerá demasiado, no dirá palabrotas, ni perderá el control de sí mismo (y si lo hace brevemente será visto como un momento de debilidad), es decir será esclavo de la Sofrosine. Pero si volvemos al ejemplo del líder del grupo teórico contra el real, el rey de los cuentos es alguien sabio y sobre todo justo, que gobierna y es valorado por esas dos virtudes. No cabe entonces la posibilidad de un teórico rey que, habiendo tenido ciertas taras intelectuales, hubiese alcanzando el éxito y  reconocimiento mediante el manejo de algunas capacidades notorias como una considerable fortuna y falta de escrúpulos, al menos no de uno conforme a las normas.

Y es esta hegemonía de la virtud aristotélica lo que lleva a extremos como en el que una persona o personaje no equilibrado solo pueda ser virtuoso si se ubica dentro de otro grupo de personajes desequilibrados en el que resulta ser el término medio. Entonces nos encontramos con un problema, y es que si sistemáticamente la base teórica se encuentra en desacuerdo con la vivencia cotidiana, el esfuerzo para compatibilizar las dos conlleva un desgaste. Resulta muy poco eficiente esperar al Hombre Total a la vez que el día a día muestra que incluso las personas a las que más apreciamos tienen una personalidad muy poco aristotélica.

Finalmente, esto lleva a una consecuencia imprevista y es que aquello que se convierte en hegemónico lo hace también en frontera de nuestro conocimiento. Lo que queda fuera del alcance de nuestra vara de medir se convierte en impensable, pero a veces lo impensable se hace real y si no contamos con herramientas para abordarlo, aunque no se trate necesariamente de la perdición en grandes términos, es posible que suceda un pequeño naufragio.