jueves, 31 de mayo de 2018

El azar es una historia cotidiana

Con esta entrada quiero reflexionar sobre la importancia del azar en nuestras vidas desde una definición particular del mismo, por lo que empezaré exponiendo el significado de azar que voy a emplear en este artículo. 

Entendiendo la vida como una experiencia en primera persona, las circunstancias o aspectos de la misma son considerados azarosos a medida que se alejen del ámbito de decisión personal y de lo que podemos controlar. Así el mundo queda dividido esencialmente en dos partes, una pequeña esfera de influencia interior, que nos representa a nosotros y nuestra capacidad de interactuar con nuestras circunstancias, y una exterior poblada por una enorme cantidad de sucesos sobre los que no tenemos control directo.

La consecuencia más relevante para este texto de esta división es la existencia de una gran cantidad de eventos azarosos que vistos en retrospectiva se pueden considerar que han supuesto un punto de inflexión en nuestras vidas, de forma que estas habrían transcurrido de manera muy diferente de no haberse dado esas circunstancias. El azar y nosotros mismos, aunque divididos, están profundamente interconectados, ya que nos desenvolvemos en el azar y nuestras decisiones por tanto nos predisponen a encontrarnos con otros eventos azarosos por lo que nuestras decisiones, que no son consideradas estrictamente fruto del azar, actúan también como azar a efectos de generar más azar. 

Es por tanto que la consecuencia del párrafo anterior es que nuestras vidas están llenas de situaciones en las que inesperadamente hemos conocido a una persona, teniendo noticia de la existencia de algo por lo que nos hemos interesado, acabado haciendo o diciendo algo como consecuencia de circunstancias inesperadas o tomando una decisión con consecuencias imprevistas, y el denominador común de estas circunstancias es que han supuesto un cambio o han definido el rumbo de nuestras vidas de manera notoria.

Por lo que en está dinámica de yo/azar se puede afirmar que existe un proceso de retroalimentación entre ambas partes en el que yo es el resultado de una constante exposición al azar. De forma que el yo, aunque considero que sigue teniendo una importancia capital en nuestras vidas a través de la responsabilidad, no es precisamente un ente inmutable o trascendente sino el resultado de infinidad de interacciones con el entorno.

Por tanto, ante la cuestión filosófica de si somos fruto de nuestras decisiones o del azar diría que somos el fruto de nuestras decisiones pero ese fruto tiene mucho sabor a azar.